Todo el mundo conoce el repaso de la escalera. Has cerrado la puerta, bajas dos tramos y empieza: ¿he cerrado con llave o solo he tirado de la puerta? ¿He apagado la plancha? ¿Y la ventana del baño? A veces se vuelve a subir; casi siempre se sigue andando con la duda. De noche pasa lo mismo, ya en la cama: ¿está cerrada la puerta de la terraza?
La domótica suele contestar a esto con una escena de salida: un botón que lo apaga todo. Está bien, pero apaga a ciegas. Lo que de verdad quita la duda es otra cosa: una rutina que primero mira la casa, te dice lo que falta y solo después actúa. Esta guía cuenta cómo funcionan las dos que más se usan, «me voy» y «buenas noches», y lo que la casa te cuenta a la vuelta y por la mañana.
Una escena apaga; una rutina que repasa, mira primero
La diferencia cabe en cuatro pasos. Una rutina que repasa mira cómo está la casa: puertas, ventanas, cerraduras, aparatos encendidos. Te lo dice en voz alta, con nombre: «la ventana del baño está abierta». Te deja unos minutos para salir tranquilo o para arreglarlo. Y solo entonces actúa: apaga, cierra y arma lo que haya que armar.
Además, sabe quién se queda. Si todavía hay alguien en casa, a quien se va solo le dice lo suyo y no toca nada más: no le apaga la luz a quien está leyendo en el salón ni le arma la alarma encima.
«Me voy»: lo que mira, lo que te dice y lo que hace al cerrar la puerta
La rutina se lanza con un gesto, el que te resulte más natural: «Alexa, me voy», un botón junto a la puerta, una etiqueta NFC en el recibidor que tocas con el móvil, el panel de la entrada o la app. Cómo encaja la voz con el resto de la casa lo contamos en la guía para tener una domótica compatible con Alexa, Google Home y HomeKit.
Si eres el último en irte, la casa repasa en voz alta lo que se ha quedado mal:
- Puertas y ventanas abiertas. Las mismas que vigila la alarma, dichas por su nombre. Es el mismo aviso de los avisos que sí sirven, pero dicho en el recibidor, cuando todavía puedes ir a cerrarla.
- Cerraduras sin cerrar con llave.
- El horno, la vitro o la plancha encendidos.
Y, haya o no haya alguien más, te dice lo de hoy: el tiempo (si hace falta paraguas, si va a hacer calor o frío) y lo que tienes pendiente, como la medicación, la comida de la mascota o lo que hay en la agenda.
Después espera unos minutos, los justos para salir sin prisas. Si al final te quedas, un «me quedo» lo cancela todo. Pasado ese margen, la casa hace el resto: apaga luces, teles y música (y el clima, si así lo quieres), cierra con llave, baja las persianas en verano, pone el robot a limpiar —lo contamos en el robot aspirador que limpia cuando no estás— y arma la alarma solo si está todo cerrado. Al acabar te llega un aviso al móvil con lo que ha hecho y, si algo ha quedado pendiente, dos botones: «Armar igualmente» y «Cerrar con llave».
¿Y si sales sin decirlo?
La casa se da cuenta de que se ha quedado vacía por la ubicación o la wifi de los móviles, y vigila lo que no puede esperar: si el horno, la vitro, la plancha, la freidora o la cafetera siguen funcionando, te llega un aviso crítico. Lo que se puede apagar sin peligro desde su enchufe —la plancha, la freidora, la cafetera— se puede dejar configurado para que se apague solo; si no, el aviso lleva un botón «Apagar». El horno y la vitro no se cortan nunca desde fuera: solo avisan. Apagar a distancia algo que puede tener una olla encima es una decisión que tiene que tomar alguien que lo vea.
La vuelta: «¿qué ha pasado mientras no estaba?»
Al volver, la casa te saluda por tu nombre, pero no al entrar en la calle: al abrirse la puerta de casa o al verte el sensor del recibidor. Y te cuenta lo que ha pasado fuera: si ha sonado el timbre, si han dejado un paquete, si las cámaras han visto algo con la casa vacía, si ha saltado la alarma o si la lavadora terminó y sigue llena. Luego, cómo está la casa: la temperatura, si el clima está en marcha, si hay alguna ventana abierta. Y lo que te queda de hoy.
El resumen largo es solo para el primero en llegar. Si ya había alguien, basta un «ha llegado Laura». Si has estado fuera un rato corto, no dice nada, y tampoco habla con el modo noche o con el modo cine. En el panel de la entrada aparece el mismo resumen, con las fotos del timbre y de las cámaras, y quien prefiera no oírlo puede pedirlo cuando quiera: «¿qué ha pasado?».
El clima también se adelanta. Si te acercas a casa con la calefacción apagada y dentro hace frío, puede encenderla antes de que llegues, si lo tienes activado y las ventanas están cerradas. Y si al final no vienes —te desvías, te quedas a cenar fuera—, la deja como estaba.
«Buenas noches»: el repaso antes de dormir
El «buenas noches» es el «me voy» de la hora de acostarse. Se lanza desde la mesita —un botón o una etiqueta NFC—, con la voz, desde el panel o a una hora fija. Pone la casa en modo noche y apaga lo que sobra de noche: la consola, los cargadores, los aparatos que se quedan en espera. Baja las persianas que elijas y repasa lo que queda: puertas y ventanas abiertas, cerraduras sin cerrar, luces, teles y aparatos encendidos.
Lo que encuentra, lo puede resolver de dos maneras, y cada casa elige la suya. O te avisa con dos botones, «Apagar todo» y «Cerrar con llave», para que decidas tú, o lo hace directamente sin preguntar. Si está todo en orden, no te dice nada: te vas a dormir sabiendo que la casa está cerrada.
Y durante la noche
Con el modo noche puesto, si se abre una puerta o una ventana, la casa avisa a quien está dentro: «se ha abierto la puerta de la terraza». Deja pasar un margen después de acostarse, para no avisar de lo que se cierra a última hora, y no repite el mismo aviso cada minuto. Y si alguien se levanta, el pasillo y el baño se encienden a la vez, muy tenues y cálidos, sin tocar la luz del dormitorio; cuando nadie se mueve, se apagan.
«Buenos días»: el resumen que te espera en la cocina
Por la mañana la casa da la vuelta al repaso. Antes de que suene la alarma del móvil, la luz del dormitorio sube poco a poco, como un amanecer, y el baño o el salón se calientan, si así lo quieres; a la hora, suben las persianas. Los días de «mañana no madrugo» y las vacaciones no hace nada de esto.
El resumen llega al terminar el modo noche o, si se prefiere, la primera vez que alguien entra en la cocina: el tiempo de hoy, lo que hay en el calendario, la medicación que toca, si la mascota ha comido y si las cámaras vieron algo durante la noche. Es el mismo «lo de hoy» que te dice el «me voy» al salir, pero a la hora del café.
Lo que estas rutinas no hacen (a propósito)
- No cortan el horno ni la vitro. Avisan, y la decisión es tuya.
- No arman la alarma con una ventana abierta sin preguntártelo antes.
- No hablan de noche ni con el modo cine puesto.
- No te avisan de cada puerta que se abre durante el día: eso ya sería vigilar, no ayudar.
- No dependen de la nube. El repaso y las acciones se deciden en el pequeño equipo que está en tu casa. Solo la voz de Alexa y los avisos que te llegan fuera de casa necesitan internet.
Qué hace falta en casa (y cómo lo presupuestamos)
Cada parte de estas rutinas depende de lo que tenga tu casa, y se monta según lo que contrates. Sin cerradura inteligente no hay «cerrar con llave»; sin alarma no hay «armar»; sin altavoces, la casa no habla y el repaso te llega al móvil o al panel; las persianas tienen que estar ya motorizadas para subir y bajar solas, y los electrodomésticos se vigilan con enchufes que miden el consumo. No hace falta tenerlo todo: se puede empezar por el «me voy» e ir añadiendo piezas.
Aquí no damos una cifra cerrada, porque depende de lo que ya tengas y de lo que quieras que haga cada rutina. Lo presupuestamos en la visita, sin compromiso, en pago único y sin cuotas. El cuadro completo de lo que un sistema puede hacer por una casa está en la página de domótica para hogares. Y con la misma garantía que el resto de lo que instalamos: garantizamos nuestra instalación y configuración durante 5 años; los equipos tienen la garantía de su fabricante (2–3 años) y la gestionamos nosotros por ti.
Dudas habituales
¿Y si me voy sin decir «me voy»?
La casa se da cuenta igualmente de que se ha quedado vacía, por la ubicación o la wifi de los móviles de quienes viven en ella. Lo que más importa no depende del gesto: si el horno, la vitro o la plancha siguen encendidos con la casa vacía, llega un aviso al móvil. Lo que sí necesita el «me voy» es el repaso en voz alta antes de salir, que es justo el momento en que todavía puedes volver a por el paraguas o cerrar la ventana.
¿Qué pasa si todavía queda alguien en casa?
Que la rutina solo dice lo suyo a quien se va —el tiempo, lo que tiene hoy— y no toca nada más. No apaga las luces de quien se queda, no cierra con llave ni arma la alarma. El apagado, el cierre y la alarma solo llegan cuando sale la última persona.
¿Me va a hablar a las tres de la mañana?
No. Con el modo noche encendido, la casa no saluda ni hace resúmenes en voz alta; tampoco con el modo cine. De noche solo avisa si se abre una puerta o una ventana, y lo hace a quien está en casa. El resumen se guarda para la mañana.
¿Funciona si se cae internet?
Casi todo, sí. El repaso, el apagado, el cierre con llave y la alarma se deciden en el pequeño equipo que está en tu casa, sin pasar por ningún servidor de fuera, y el botón junto a la puerta, la etiqueta NFC y el panel siguen funcionando. Lo que necesita internet es la voz de Alexa, que vive en los servidores de Amazon, y que los avisos te lleguen al móvil cuando estás fuera de casa.
En resumen
Una escena de salida apaga la casa; una rutina que repasa te la devuelve en orden. Al salir te dice lo que falta y lo que tienes hoy, te deja unos minutos y luego apaga, cierra y arma solo si está todo cerrado. Al volver te cuenta lo que ha pasado; al acostarte repasa puertas y cerraduras, y por la mañana te espera con el resumen del día. Lo que quita la duda de la escalera no es apagarlo todo: es que la casa lo haya mirado por ti.