Tres pequeños fallos de cada semana. La lavadora terminó hace hora y media y la ropa sigue dentro, húmeda y arrugada, porque nadie oyó el pitido desde el salón. La puerta de la terraza se quedó abierta toda la tarde, con la calefacción puesta. Y una mañana el congelador amanece entornado, con el hielo goteando y la duda de qué se puede salvar. Ninguno es grave, pero los tres tienen algo en común: la casa lo sabía antes que tú, y no te lo dijo.

El problema contrario es igual de común. Quien instala sensores y enchufes conectados suele acabar recibiendo un aviso por cada cosa que pasa en casa, y a la segunda semana los silencia todos; con ellos se va también el que de verdad importa, el de la fuga de agua o el del humo. Por eso esta guía no va de cuántas cosas puede avisarte tu casa, que son muchísimas, sino de cuáles merecen llegarte. Un aviso que no te hace hacer nada sobra.

Pocos avisos, y cada uno con algo que hacer

Antes de configurar un solo aviso conviene repartirlos en tres niveles, porque cada uno se trata distinto.

  • Urgentes. Agua en el suelo, humo o monóxido, alguien que entra con la alarma puesta. Llegan siempre, con sonido, a todas las personas que decidas, y no se silencian de noche. Son pocos y casi nunca suenan, que es justo lo que les da valor.
  • Útiles. La lavadora ha terminado, una puerta lleva rato abierta, la nevera no ha cerrado bien. Llegan sin sonido y solo a quien le sirven: a quien está en casa en ese momento o a quien le toca esa tarea.
  • Informativos. El consumo del día, la temperatura del dormitorio, la pila de un sensor que todavía aguanta semanas. No son una notificación: están en el panel, para cuando quieras mirarlos.

Y tres reglas para los útiles. Que digan el motivo, no solo el hecho: «la puerta de la terraza lleva veinte minutos abierta» se entiende a la primera, «puerta de la terraza: abierta» obliga a pensar. Que haya como mucho un recordatorio, no una ristra de avisos cada cinco minutos. Y que respeten unas horas de silencio: a la una de la madrugada, el móvil solo debería sonar por algo urgente.

La lavadora ha terminado

Es el aviso más agradecido y el más sencillo de montar. La lavadora se conecta a un enchufe inteligente con medidor de consumo, y el sistema aprende su forma de trabajar: mientras lava, consume; cuando calienta el agua, consume mucho; y cuando termina, se queda casi a cero. Ese último cambio es el aviso: «la lavadora ha terminado».

El matiz está en no avisar antes de tiempo. A mitad de ciclo hay pausas —el remojo, el reposo antes del centrifugado— en las que la máquina también baja casi a cero durante un rato. Una simple bajada de consumo no basta: el aviso sale cuando el consumo se ha quedado abajo varios minutos seguidos después de haber trabajado, y no al primer bajón. Ajustado a tu lavadora, no se equivoca.

Antes hay que comprobar dos cosas. La primera, que el enchufe aguante: una lavadora que calienta agua o una secadora pasan de los 2.000 W, y muchos enchufes inteligentes pequeños no están hechos para eso. Si el enchufe de la pared queda detrás de la máquina o no hay hueco, el medidor se pone detrás del propio enchufe, sin cambiar nada a la vista. La segunda, que donde no se puede tocar nada eléctrico, un sensor de vibración pegado a la lavadora hace un trabajo parecido, aunque menos fino.

Lo mismo vale para la secadora, donde el aviso es la diferencia entre doblar la ropa todavía caliente y tener que plancharla, y para el lavavajillas, donde sirve para abrir la puerta al terminar y que la vajilla se seque con su propio calor. Y encaja con lo que contamos sobre mover la lavadora a las horas valle: si la dejas preparada para que arranque a primera hora, con la luz barata, el aviso te dice cuándo ha acabado.

La puerta o la ventana que se ha quedado abierta

Aquí se usan los mismos sensores de apertura que lleva una alarma: dos piezas pequeñas, a pila, que se pegan con adhesivo en el marco y en la hoja. La diferencia está en lo que se hace con ellos. Con la alarma armada, una puerta que se abre es una intrusión. El resto del tiempo, una puerta que se queda abierta es solo un olvido, y lo útil es que alguien se entere a tiempo.

Hay tres momentos en los que ese aviso compensa:

  • Al salir de casa. Cuando sale la última persona, el sistema repasa puertas y ventanas y, si queda algo abierto, lo dice con nombre: «se ha quedado abierta la ventana del baño». Es el momento en que todavía estás en la escalera y puedes volver.
  • Al acostarte. Un único resumen a la hora de dormir —o al pulsar el botón de buenas noches— si sigue abierta la puerta de la terraza o la del garaje. Si está todo cerrado, no llega nada.
  • Cuando lleva demasiado rato. La puerta de la calle, la de la terraza o la del garaje abiertas más de lo normal —diez minutos, veinte, lo que tenga sentido en tu casa— merecen un aviso a quien está en casa.

Y una combinación que se agradece en otoño: una ventana abierta con lluvia prevista para la próxima hora. El aviso llega con margen para cerrarla antes de que se moje el suelo. Lo que no hace falta es que te llegue un aviso cada vez que alguien abre una puerta: eso ya es vigilar, no avisar. Es la misma idea que hay detrás del aviso de llegada que contamos en las automatizaciones de la vuelta al cole: un «ha llegado» y nada más, con la información justa para quedarte tranquilo.

La nevera y el congelador

La nevera falla de dos maneras, y las dos se ven venir con un sensor. La primera es la puerta mal cerrada: un táper que asoma, un cajón que empuja la puerta, alguien que la deja entornada con prisa. Muchas neveras pitan, pero nadie oye ese pitido de noche, ni cuando el congelador está en el trastero o en el garaje. Un sensor de apertura en la puerta, igual que el de una ventana, avisa si sigue abierta pasados unos minutos.

La segunda es la temperatura. Según la Agència Catalana de Seguretat Alimentària, el frigorífico debe estar a 4 °C o menos y el congelador, a −18 °C. Una sonda de temperatura dentro de cada uno vigila esas cifras y avisa si la temperatura sube y no vuelve a bajar: una puerta que no cierra del todo, una junta gastada o un aparato que empieza a fallar. Un detalle práctico: la puerta metálica y el aislamiento debilitan la señal de un sensor inalámbrico metido dentro, así que lo habitual es una sonda con un cable fino que pasa por la junta y deja el sensor fuera.

Un enchufe con medidor completa el cuadro: si el aparato sigue consumiendo como siempre, sigue enfriando. Y la sonda es la pieza que más se agradece después de un corte de luz, cuando la pregunta es si lo del congelador sigue siendo comestible; lo contamos en qué pasa con la domótica si se va la luz.

Avisos sin móvil

No todo el mundo quiere más notificaciones en el móvil, y no todos en casa tienen uno. Un aviso también puede ser una luz: la del pasillo o la de la cocina, que cambia de color un rato cuando la lavadora termina o que parpadea si una puerta lleva demasiado tiempo abierta. Y si la casa tiene altavoces integrados, el aviso puede ser una frase dicha en la estancia donde estás. Todo esto funciona en local, sin pasar por Internet, y es la forma más amable de avisar a quien no vive pegado al móvil.

Qué hace falta (y cómo lo presupuestamos)

Poca cosa, y sin obras: enchufes con medidor para la lavadora, la secadora o la nevera, sensores de apertura en las puertas y ventanas que importan, y sondas de temperatura en la nevera y el congelador. Todo entra en el mismo sistema que la gestión energética de la casa, así que el enchufe que avisa de que la lavadora ha terminado es el mismo que mide lo que gasta. Funciona en local: solo los avisos al móvil y mirarlo desde fuera de casa necesitan Internet.

Aquí no damos una cifra cerrada, porque depende de cuántos avisos quieras y de lo que ya tengas en casa. Lo presupuestamos en la visita, sin compromiso, en pago único y sin cuotas. Con la misma garantía que el resto de lo que instalamos: garantizamos nuestra instalación y configuración durante 5 años; los equipos tienen la garantía de su fabricante (2–3 años) y la gestionamos nosotros por ti.

Dudas habituales

¿Sirve cualquier enchufe inteligente para la lavadora?

No cualquiera. Tiene que medir el consumo, porque es lo que dice cuándo ha terminado el ciclo, y tiene que aguantar la potencia del aparato: una lavadora que calienta agua o una secadora pasan de los 2.000 W, y muchos enchufes inteligentes pequeños se quedan cortos. Si el enchufe de la pared queda detrás de la máquina o no hay hueco, se pone un medidor detrás del propio enchufe. Y donde no se puede tocar nada eléctrico, un sensor de vibración pegado a la lavadora hace un trabajo parecido, aunque menos fino.

¿Pueden recibir los avisos varias personas?

Sí, y cada aviso puede ir a quien le sirve. Los urgentes —agua, humo, alguien que entra con la alarma puesta— llegan a todos los que decidas y con sonido. Los del día a día pueden ir solo a quien está en casa en ese momento, o a quien le toca tender esa semana, y sin sonido. Así a nadie le llega en mitad de una reunión que la lavadora de casa ha terminado.

¿Funcionan los avisos si se cae Internet?

La detección, sí: el consumo de la lavadora, los sensores de las puertas y la sonda de la nevera se leen en el pequeño equipo que está en tu casa, sin pasar por ningún servidor de fuera. Lo que necesita Internet es que el aviso llegue al móvil. Por eso los avisos dentro de casa —una luz que cambia de color, una frase por un altavoz— siguen funcionando aunque la fibra esté caída.

Mi lavadora o mi nevera ya tienen app, ¿no me basta con eso?

Puede bastarte para ese aparato. El problema es que cada marca avisa en su propia app y a través de su propia nube, y cada aparato nuevo es una app más y una cuenta más. Cuando se puede, integramos ese aparato en el mismo sistema que el resto de la casa; cuando no, un enchufe con medidor o un sensor hacen el trabajo con cualquier lavadora o nevera, tenga app o no, y todos los avisos llegan al mismo sitio.

¿Puedo ponerlo si vivo de alquiler?

Sí. Los enchufes con medidor se enchufan, los sensores de las puertas y la sonda de la nevera van a pila y se pegan con adhesivo, y el pequeño equipo que lo coordina se enchufa al router: nada de eso deja marca ni necesita permiso del propietario, y todo se viene contigo al siguiente piso. Solo el medidor que va detrás del enchufe de la pared toca la instalación eléctrica, y ese conviene hablarlo antes con el casero.

En resumen

Una casa conectada puede avisarte de casi todo, y precisamente por eso hay que elegir. Los urgentes, siempre y con sonido; los útiles, sin ruido y solo a quien le sirven; el resto, en el panel. Con esa regla, tres avisos sencillos —la lavadora que ha terminado, la puerta que se ha quedado abierta, la nevera que no cierra o que se calienta— resuelven los pequeños fallos de cada semana sin convertir el móvil en un timbre. Un aviso que no te hace hacer nada sobra; uno que llega a tiempo se agradece cada semana.