En Barcelona hay muchos pisos sin gas: la calefacción es el split del salón, algún radiador eléctrico en los dormitorios y, en algunas fincas, unos acumuladores de los de antes. Casi todo lo que se escribe sobre calefacción inteligente da por hecho una caldera, y si es tu caso, lo tuyo es el termostato inteligente para la caldera. Esta guía es para los demás.

La buena noticia es que una calefacción eléctrica se presta muy bien a la domótica. Sin caldera, la calefacción es electricidad, y la electricidad se puede medir, repartir y mover de hora. Lo que sigue es cómo hacerlo con cada aparato, qué conviene encender primero y lo que no se debe programar nunca.

Tres formas de calentar sin gas, y cuál gasta menos

No todos los aparatos eléctricos calientan igual, y la diferencia se nota en la factura.

  • El split en modo calor. Un aire acondicionado moderno es una bomba de calor: en invierno saca calor del aire de la calle y lo mete en casa. Por eso, por cada kWh de electricidad entrega varios de calor. Cuántos exactamente lo dice su etiqueta energética, en el dato de calefacción (el SCOP).
  • El radiador o emisor eléctrico. Calienta una resistencia: cada kWh de electricidad se convierte en un kWh de calor, ni más ni menos. Es sencillo y calienta rápido una habitación pequeña, pero es la forma más cara de producir calor.
  • El acumulador. Por dentro funciona igual que un radiador, con una diferencia: guarda el calor en un bloque de ladrillos refractarios y lo va soltando durante el día. Por eso se carga de noche, en las horas en que la luz cuesta menos.

El IDAE lo resume en sus recomendaciones de ahorro para hogares: si tienes que «refrigerar y también calefactar» tu casa, mejor «un equipo tipo bomba de calor», con «etiqueta energética A o superior». Y el clima de Barcelona juega a favor: según las normales climatológicas de AEMET del aeropuerto, enero tiene una media de 9,2 °C y mínimas de 4,7 °C, y con un frío así de suave una bomba de calor trabaja en muy buenas condiciones. La consecuencia práctica es un orden: primero el split, y los radiadores donde el split no llega.

El split en invierno: calor antes de llegar, y no toda la tarde

El error típico con el split es dejarlo encendido toda la tarde por si acaso, o encenderlo al llegar y esperar media hora con el abrigo puesto. Las dos cosas se arreglan con la misma idea: que el split sepa cuándo hay alguien en casa y cuándo va a haberlo.

  • El horario de tu casa, no el de fábrica. Calor a las horas en que la casa se usa —antes del desayuno, al volver por la tarde— y al mínimo el resto.
  • Llegar con la casa a punto. Cuando el primer móvil de la familia se acerca a casa, el split arranca con el tiempo justo para que al abrir la puerta ya esté templada.
  • Al mínimo si no hay nadie. El IDAE aconseja que «si te ausentas por unas horas, reduce el termostato a 15ºC»; la casa lo hace sola en cuanto sale la última persona.
  • Ventana abierta, split parado. Un sensor en la ventana lo para a los pocos minutos y lo vuelve a encender al cerrar.

Sobre la temperatura, el IDAE recuerda que «una temperatura de 21ºC con ropa adecuada, es suficiente». Qué temperatura poner en cada estancia y a qué hora lo contamos con detalle en la guía de calefacción por zonas; aquí lo que importa es que el split la respete, en lugar de calentar a 25 °C para compensar el rato que estuvo apagado.

Radiadores eléctricos fijos: uno por estancia, con su horario

Donde el split no llega —un baño, un dormitorio al fondo del pasillo— suele haber un radiador eléctrico fijo en la pared, un emisor térmico o un toallero. Se controlan con un relé o con un enchufe inteligente con medidor de consumo, y cada uno pasa a tener su propio horario: el del baño, media hora antes de la ducha; el del dormitorio, un rato antes de acostarse.

La pieza que cambia el resultado es un sensor de temperatura en la propia habitación. El termostato de rueda que trae el radiador mide el aire que tiene pegado, que se calienta enseguida, y por eso corta y arranca sin parar mientras la habitación sigue fría. Con un sensor a media altura, el sistema mantiene el radiador encendido hasta que la habitación llega a su temperatura y lo apaga después, no cuando el aparato cree que ya basta. Y el medidor del enchufe dice lo que gasta cada uno: a menudo hay uno que gasta mucho más de lo que nadie pensaba.

Acumuladores: cargar de noche según el frío de mañana

Los acumuladores tienen fama de caros, y la tienen sobre todo por cómo se usan. Están pensados para cargarse de noche, cuando la luz es más barata, y soltar el calor durante el día. El problema es que la carga se ajusta a mano y casi nadie la toca: cargan igual una noche de 12 °C que una de 3 °C, y al día siguiente o sobra calor por la tarde o falta por la mañana.

Con el sistema, cuántas horas carga cada noche se decide con la previsión del día siguiente y la temperatura de cada habitación: más carga si mañana hace frío, menos si viene un día templado o si la casa va a estar vacía. La carga sigue cayendo en las horas valle, que es su gracia, pero en la cantidad que hace falta.

El límite que no se ve: la potencia contratada

Con la calefacción eléctrica aparece un problema que con gas no existe. Un piso del área metropolitana suele tener contratados 3,45 o 5,75 kW, y cada radiador eléctrico tira de entre 1.000 y 2.000 W. Dos radiadores y la vitrocerámica a la vez ya superan los 3,45 kW, y el limitador corta la luz de todo el piso.

La salida cara es ampliar la potencia, que se paga todos los meses del año por unas pocas horas de invierno. La barata es repartir: el sistema conoce el consumo de la casa en tiempo real, escalona el arranque de los radiadores y, si entra el horno, deja uno en espera unos minutos sin que nadie lo note. Es la misma idea, con la misma pinza en el cuadro, que usamos para cargar el coche eléctrico en casa sin ampliar la potencia.

Lo que no se programa: estufas y calefactores portátiles

Hay una regla que aplicamos siempre: nada que necesite a alguien delante se enciende a distancia. Las estufas, los calefactores de ventilador y los radiadores de aceite portátiles entran ahí. Se pueden volcar, quedar tapados por una manta o acabar a un palmo de una cortina, y sus propios manuales suelen advertir de que no se conecten a temporizadores ni programadores que los enciendan solos.

Lo que sí tiene sentido es lo contrario: un enchufe con medidor que dice lo que gastan y que los apaga si se quedan encendidos en una casa vacía. Pero si una habitación solo se calienta con una estufa, la solución de verdad no es programarla: es un emisor fijo en la pared, o que llegue el split.

Qué hace falta (y cuánto cuesta)

Para un piso sin gas típico: integrar los splits —por wifi o con un emisor de infrarrojos, sin obras—, un relé o un enchufe con medidor para cada radiador fijo o acumulador, un sensor de temperatura por estancia y, si la potencia va justa, una pinza en el cuadro. Todo entra en el mismo sistema de climatización inteligente, que funciona en local: solo hace falta Internet para manejarlo desde fuera de casa y para que te lleguen los avisos.

Una instalación así parte desde 700 €, en pago único y sin cuotas; el número de aparatos y el estado del cuadro es lo que más mueve la cifra, y lo vemos en la visita, sin compromiso. Con la misma garantía que el resto de lo que instalamos: garantizamos nuestra instalación y configuración durante 5 años; los equipos tienen la garantía de su fabricante (2–3 años) y la gestionamos nosotros por ti.

Dudas habituales

¿Qué gasta menos, el split o el radiador eléctrico?

Para dar el mismo calor, el split en modo calor gasta bastante menos, porque es una bomba de calor: saca calor del aire de fuera y por cada kWh de electricidad entrega varios de calor. Un radiador eléctrico convierte cada kWh en un kWh de calor, ni más ni menos. Cuánto rinde exactamente tu split lo dice su etiqueta energética, en el dato de calefacción (SCOP). Eso no significa que haya que quitar los radiadores: en un baño o en un dormitorio sin split siguen siendo la forma sencilla de calentar, y lo que importa es que funcionen solo cuando hace falta.

Mi split es antiguo, ¿sirve para calentar?

Si es bomba de calor, sí: en el mando aparece un modo calor, normalmente con el símbolo de un sol, y la etiqueta lleva datos de calefacción además de los de refrigeración. Los equipos de solo frío no calientan, por mucho que se programen. Y un split antiguo que calienta se integra igual que uno nuevo, por wifi o con un emisor de infrarrojos; lo comprobamos en la visita.

¿Saltará la luz si enciendo varios radiadores a la vez?

Puede pasar. Cada radiador eléctrico tira de entre 1.000 y 2.000 W, y un piso con 3,45 kW contratados no aguanta dos radiadores y la vitrocerámica a la vez. El sistema lo evita repartiendo: escalona el arranque de los radiadores y, si entra el horno, deja uno en espera unos minutos. Ampliar la potencia contratada es la otra salida, pero se paga todos los meses del año.

¿Puedo programar mi estufa o mi radiador de aceite con un enchufe inteligente?

Encenderlos a distancia, no. Las estufas y los calefactores portátiles están pensados para usarse con alguien delante: se pueden volcar, quedar tapados por una manta o acabar cerca de una cortina, y sus propios manuales suelen advertir de que no se conecten a temporizadores que los enciendan solos. Lo que sí tiene sentido es lo contrario: medir lo que gastan y que se apaguen solos si se quedan encendidos en una casa vacía. Si una habitación solo se calienta con una estufa, la solución de verdad es un emisor fijo en la pared o el split.

Vivo de alquiler, ¿se puede automatizar la calefacción?

Casi siempre. Los splits se controlan con un pequeño emisor de infrarrojos que se pone en la pared o en un mueble, sin tocar el aparato; los sensores de temperatura van a pila y se pegan con adhesivo; y el pequeño equipo que lo coordina se enchufa al router. Solo los relés que van detrás de un radiador fijo o en el cuadro tocan la instalación eléctrica, y esos conviene hablarlos antes con el propietario.

En resumen

En un piso sin gas, la calefacción es una cuestión de electricidad, y eso juega a favor: se puede medir, repartir y mover de hora. Primero el split, que en el invierno suave de Barcelona da varias veces más calor del que gasta; los radiadores fijos, en las habitaciones donde el split no llega y con su propio sensor; los acumuladores, cargados según el frío de mañana; y un reparto que evite que salte la luz. Las estufas, siempre con alguien delante. Sin caldera también se puede tener una calefacción que piensa: solo hay que enseñarle cuándo, dónde y en qué orden calentar.