Cada diciembre se repite la misma escena. Las luces del balcón están encendidas a las tres de la tarde porque alguien las enchufó por la mañana, o apagadas hasta las nueve porque nadie se acordó. El árbol pasa la noche entera encendido en un salón vacío. Y el temporizador de rueda que se compró hace años enciende a las siete cuando debería ser a las cinco, porque el último corte de luz lo dejó parado y nadie lo ha vuelto a poner en hora.

Automatizar las luces de Navidad es de lo más sencillo que se puede hacer en una casa: un enchufe inteligente por grupo de luces y un par de reglas. Pero conviene tener claro el orden de prioridades. Que se enciendan solas es lo bonito; que se apaguen solas es lo importante.

Lo que aconseja Protecció Civil

Cada año, Protecció Civil de la Generalitat recuerda unos consejos para la decoración navideña en su página de fiestas de Navidad. Cuatro tienen que ver directamente con las luces:

  • «Apaga las luces y las velas cuando vayas a dormir o cuando salgas de casa.»
  • «Si pones luces en balcones o terrazas, utiliza bombillas de uso exterior.»
  • «Evita sobrecargar las regletas de enchufes.»
  • «Comprueba el buen estado de los cables, enchufes y luces.»

El primero es el que más se incumple, y no por descuido sino por cansancio: a las doce de la noche nadie piensa en el árbol. Es justo lo que una casa programada hace mejor que una persona. Los otros tres no son cosa de domótica, sino de comprar bien y revisar antes de colgar nada, pero condicionan cómo se monta el balcón.

Encenderlas al anochecer, no a una hora fija

En estas fechas el sol se pone en Barcelona muy pronto y casi a la misma hora: hacia las 17:22 a principios de diciembre —el día que antes anochece no es el 21, sino en torno al 8— y pasadas las 17:35 el día de Reyes. Así que, siendo honestos, una hora fija no queda tan lejos. La ventaja de encenderlas con la puesta de sol es otra: el sistema la calcula solo cada día, sin que nadie ajuste nada, y puede tener en cuenta la luz real. En una tarde de lluvia de diciembre, a las cinco ya es de noche, y un sensor de luminosidad adelanta el encendido. Cómo funcionan las dos señales —el calendario astronómico y la luz que entra— lo contamos en el post de luces que se encienden solas al anochecer.

El temporizador de rueda tiene dos problemas que no son la hora. Cada uno lleva su propio reloj, así que el árbol, el belén y el balcón acaban desacompasados entre sí. Y cuando se va la luz, se para y retoma la cuenta donde se quedó: desde ese día enciende a deshoras sin que nadie lo note. Un enchufe conectado se pone en hora solo.

Apagarlas solas: al dormir, al salir y por si acaso

El apagado es donde la automatización se gana el sueldo. Hay tres maneras de hacerlo, y conviene usar las tres a la vez:

  • Al irse a dormir. Un botón de buenas noches junto a la cama o en el móvil —o la misma escena que ya apaga el resto de la casa— apaga también el árbol, el belén y el balcón. Nadie tiene que pasar por el salón.
  • Al salir de casa. Cuando sale la última persona, las luces de Navidad se apagan con todo lo demás. Si volvéis de noche, se encienden al llegar.
  • Una hora tope. Por si alguien se duerme en el sofá o se olvida del botón: a una hora fija —la una, por ejemplo— todo lo que siga encendido se apaga.

El balcón merece su propia regla. Las luces de fuera también las ven los vecinos, y les entran por la ventana: lo razonable es que se apaguen antes que las de dentro, hacia medianoche, aunque en casa sigáis despiertos. En Nochebuena y Nochevieja, la excepción se hace con un toque.

El balcón: luces y enchufe de exterior

El balcón es la parte delicada, porque junta electricidad, lluvia y semanas de uso. Lo primero, como dice Protecció Civil, son luces de uso exterior: las de interior no están pensadas para mojarse. Lo segundo es dónde se enchufan. Si hay un enchufe dentro, junto a la puerta del balcón, el enchufe inteligente va ahí, a cubierto, y fuera solo sale el cable de la guirnalda. Si hay que enchufar en el propio balcón, tiene que ser un enchufe para exterior, con protección contra salpicaduras (IP44 o superior) y, si se puede, bajo el voladizo.

Dos detalles que vemos a menudo. El cable que sale por la puerta del balcón no debe quedar pellizcado al cerrarla: con las semanas, el aislante se aplasta y se pela. Y nada de regletas encadenadas una detrás de otra para llegar a todas partes. Si con la lluvia salta el diferencial, el sospechoso suele ser justo ese enchufe o esa conexión de fuera; lo explicamos en qué pasa con la domótica si se va la luz. Y queda comprobar que la señal llega: un enchufe inteligente en el balcón, detrás de un muro grueso de fachada, a veces necesita un repetidor más cerca.

El árbol, el belén y el balcón con un solo gesto

Lo cómodo es un enchufe por grupo —árbol, belén, balcón, ventana— y una escena «Navidad» que los enciende y los apaga juntos. Cada grupo puede tener además su propio horario: el balcón, del anochecer a medianoche; el árbol y el belén, del anochecer a la hora de dormir.

Y toda la temporada se programa de una vez, con fecha de inicio y de fin: del puente de diciembre a después de Reyes, por ejemplo. Dentro de ese periodo, cada tarde se encienden solas; fuera de él, dejan de encenderse aunque sigan enchufadas en enero. El año que viene, se cambian las fechas y listo.

Un detalle práctico antes de comprar luces nuevas: muchas guirnaldas con mando, cuando el enchufe les devuelve la corriente, arrancan en su modo de fábrica, que suele ser el de parpadeo. Las que recuerdan el último modo funcionan perfectas con un enchufe inteligente; con las demás, conviene probar antes.

Cuánto gastan de verdad

Las guirnaldas LED gastan poco, mucho menos que las de bombillas de toda la vida, pero «poco» depende de cuántas haya y de cuántas horas estén encendidas. Un enchufe con medidor lo dice sin adivinar: los vatios reales de cada grupo y lo que suma la temporada entera. Sirve para dos cosas. La primera, decidir: si las del balcón son unas antiguas de bombillas, verás la diferencia en vatios y sabrás cuáles cambiar el año que viene. La segunda, vigilar: un grupo que consume a las tres de la madrugada es un grupo que no se ha apagado.

Si te vas en Navidad

Si pasas las fiestas fuera, la tentación es dejar las luces de Navidad encendiéndose cada tarde para que parezca que hay alguien. Por coherencia con lo que dice Protecció Civil —apagarlas al salir de casa—, nosotros no lo recomendamos: una guirnalda de balcón encendida durante semanas en una casa vacía es justo el riesgo que se quiere evitar. La decoración se queda apagada, y la presencia se simula con las luces normales de la casa y las persianas, a horas que cambian cada día, como contamos en la guía para simular presencia en casa. Las luces de la casa sí están hechas para eso.

Qué hace falta (y cómo lo presupuestamos)

Poca cosa: un enchufe inteligente con medidor por grupo de luces, uno de exterior si el balcón lo necesita y, si quieres, un sensor de luminosidad. Todo entra en el mismo sistema que la iluminación inteligente de la casa, de modo que el botón de buenas noches o la salida de casa apagan también la Navidad. Funciona en local, y si ya tienes el sistema instalado, es cuestión de añadir los enchufes y programar la temporada.

Aquí no damos una cifra cerrada, porque depende de cuántos grupos de luces haya y de lo que ya tengas en casa. Lo presupuestamos en la visita, sin compromiso, en pago único y sin cuotas. Con la misma garantía que el resto de lo que instalamos: garantizamos nuestra instalación y configuración durante 5 años; los equipos tienen la garantía de su fabricante (2–3 años) y la gestionamos nosotros por ti.

Dudas habituales

¿Sirve cualquier enchufe inteligente para las luces de Navidad?

Para el árbol y el belén, casi cualquiera: las guirnaldas LED gastan poco y no piden nada especial. Lo que sí conviene es que mida el consumo, porque así ves lo que gasta cada grupo y sabes si algo se ha quedado encendido. Para el balcón, el enchufe tiene que quedar a cubierto o ser de exterior, con protección contra salpicaduras, y las luces tienen que ser de uso exterior, como recuerda Protecció Civil. Y mejor un enchufe por grupo de luces que una regleta con todo colgando.

¿Puedo programar toda la temporada y olvidarme?

Sí, y es lo más cómodo. Se fija una fecha de inicio y una de fin —por ejemplo, del puente de diciembre a después de Reyes— y dentro de ese periodo las luces se encienden al anochecer y se apagan solas cada noche. Cuando acaba la temporada, dejan de encenderse aunque se te olvide desenchufarlas, y el año siguiente basta con cambiar las fechas.

Mis luces tienen mando y modos de parpadeo, ¿funcionan con un enchufe inteligente?

Funcionan, con un matiz que conviene probar antes: el enchufe da y quita la corriente, y muchas guirnaldas con mando, al volver a recibirla, arrancan en su modo de fábrica, que suele ser el de parpadeo. Las que recuerdan el último modo no dan ningún problema; con las demás, o se puede dejar fijo el modo que quieres, o hay que aceptar que arranquen parpadeando. Lo comprobamos en la visita con tus propias luces.

¿Siguen funcionando si se cae Internet?

Sí. El horario, la hora de la puesta de sol y el apagado de buenas noches se calculan en el pequeño equipo que está en tu casa, sin pasar por ningún servidor de fuera. Internet solo hace falta para encenderlas o apagarlas desde fuera de casa y para que te llegue algún aviso al móvil.

Si son LED, ¿puedo dejarlas encendidas toda la noche?

Mejor no. Protecció Civil aconseja apagar las luces de Navidad al ir a dormir y al salir de casa, y que sean LED no cambia el consejo: el riesgo no está solo en la bombilla, sino en los cables, las regletas, los transformadores y las conexiones que pasan semanas enchufadas, a veces a la intemperie. Programarlas para que se apaguen solas es justo la manera de cumplirlo sin depender de la memoria de nadie.

En resumen

Las luces de Navidad son la automatización más fácil del año y una de las que más se agradecen. Que se enciendan al anochecer es cómodo; que se apaguen solas al acostarse y al salir de casa es lo que aconseja Protecció Civil y lo que más se olvida. Con un enchufe por grupo, una escena, las fechas de la temporada y luces de exterior en el balcón, la Navidad se enciende y se apaga sin que nadie tenga que acordarse. Este año, que la última luz la apague la casa.